viernes, 6 de septiembre de 2013

He memorizado el número exacto de escalones que hay hasta tu cama, he resuelto todas las ecuaciones que planteaban tus pestañas y fotografiado todas las constelaciones que dibujaban los lunares de tu espalda. ¿Y para qué? Para nada. Para descubrir que dentro no hay nada, que las constelaciones que invaden tu piel nunca existieron, que las equis que proyectan tus ojos equivalen a un número que yo no conozco, que tú nunca me esperarás entre tus sábanas.

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