viernes, 6 de septiembre de 2013

No sé quién te habló de aquel candor, de aquella sonrisa infantil, de aquel mágico porvenir, de aquellos lunes relativizados, de los recuerdos comprados; pero mintió, no es cierto, nunca lo es en estos casos de deliciosas maravillas que relatan comparaciones constantes entre lo que es y lo que pudo haber sido. Me he mentido. Y a la vez me he sincerado conmigo misma. Quiero llenar mis pulmones con vacíos que yo misma invento, construyo y alimento. De todas aquellas palabras que me repetían en sueños, sólo puedo recordar las que se esfumaron con el viento. Son todas esas sombras, sobre las que escribo en mi piel arañada, las que me impiden la caída libre, las que me protegen de las esperanzas. Los bailes ancestrales que sirvieron como escudo y a la vez excusa para mantener la verdad encerrada bajo llave están rompiendo las cadenas que no existen y que imagino cada mañana que rodean mis ojos cuando te contemplan a ti, moviendo los labios, prometiendo cosas que no existen, que otros antes que tú destruyeron hace ya mucho tiempo.

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